Conoce un espacio pensado para profesionales

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Huellas del interiorismo | La visión de Giulia Carboni

Giulia Carboni ha logrado construir una propuesta única desde Santiago de Chile, donde fundó su estudio en 2018. Italiana de origen, arquitecta de formación y apasionada por la intersección entre lo funcional y lo emocional, Giulia dirige una oficina que se ha ganado un espacio en la escena latinoamericana: en 2023 fue destacada por la revista Architectural Digest en su lista AD100 de los estudios más influyentes de la región.

Su trabajo —junto a María José Yáñez y Vicente Contador— abarca desde proyectos inmobiliarios residenciales hasta oficinas y viviendas particulares. Cada uno se desarrolla bajo una lógica precisa y a la vez sensible: geometrías definidas, color bien aplicado, diseño riguroso y un relato visual que remite a recuerdos, formas u objetos reconocibles.

En esta tercera entrega de Huellas del interiorismo, Giulia nos comparte su aproximación al interiorismo desde una perspectiva arquitectónica, y cómo la observación es lo que realmente alimenta la creatividad.

¿Qué es para ti el interiorismo?

Mi acercamiento al interiorismo y la arquitectura parte desde mi formación como arquitecta. Trabajé varios años en esa área, y hoy me gusta aplicar ese mismo rigor —la geometría, la lógica del diseño arquitectónico— al diseño de interiores.

En nuestro trabajo, siempre partimos desde el diseño en planta, porque es ahí donde realmente se resuelve cómo se distribuye un espacio, cómo se habita, cómo fluye. Desde la planta tenemos el poder de decidir cómo las personas se mueven dentro de un lugar.

La arquitectura, en general, carga con una gran responsabilidad: impone un objeto en la ciudad. Un edificio o una casa puede mejorar o empeorar el paisaje.

En cambio, el interiorismo tiene una naturaleza distinta. Es un diseño hacia adentro, lo que nos permite ser más creativos y tener mayor libertad. Esto se vuelve especialmente interesante en proyectos inmobiliarios, donde no conocemos al cliente final.

Por eso siento que el interiorismo tiene algo en común con la moda o la fotografía. Es más efímero, más espontáneo. Podemos capturar ese instante.

¿Cómo ves el interiorismo en Chile?

Llevo 10 años viviendo en Chile, y cuando recién llegué, algo que me sorprendía era ver casas diseñadas por arquitectos muy talentosos, con una arquitectura preciosa… pero al entrar, se notaba que el interior no era una prioridad. El interiorismo simplemente no era una disciplina presente.

Sin embargo, en esta última década eso ha cambiado muchísimo. Cada vez hay más profesionales dedicados al interiorismo, más tiendas especializadas, y sobre todo, una clara profesionalización del rubro.

Antes, la figura del interiorista estaba muy ligada al decorador. Hoy, en cambio, muchos interioristas son arquitectos o personas que han estudiado y se han formado en esta área.

Siento que el interiorismo es todavía un trabajo relativamente nuevo en Chile, pero está creciendo con fuerza. Cada vez más personas entienden su valor y buscan a un interiorista para desarrollar un proyecto. Es, sin duda, una profesión emergente.

¿Qué proyecto en el que hayas trabajado te marcó?

El primero fue un proyecto inmobiliario de cuatro edificios residenciales en La Florida. Empecé a trabajar en ellos hace seis años, justo cuando me independicé, y aún no termino: estoy diseñando el cuarto. Fue muy significativo porque fue mi primer gran desafío independiente, y también porque me permitió explotar al máximo la creatividad. Nos entregaron un lienzo en blanco, y con eso pudimos crear algo realmente especial.

Cada edificio tiene muchas salas comunes. Ahora vamos por el último, que es un poco más pequeño, pero en cada sala inventamos una historia.

Una parece un crucero, otra una casa brasilera, otra un cine… y así. Eso es lo que más disfruto: crear ambientes que cuenten historias, que despierten recuerdos. Me encanta que alguien entre a una sala y diga: “esto me recuerda a algo”.

El segundo proyecto, fue la remodelación de un departamento para una pareja que había vivido mucho tiempo en California y que volvía a Chile. Desde el primer momento hubo una sinergia perfecta.

Fue uno de esos proyectos en los que se cumple la idea de que el resultado es 50% del cliente y 50% tuyo. Ellos me entendieron, confiaron en mí y, como aún vivían en California cuando empezamos, me dieron libertad para diseñar en profundidad.

Diseñamos todo: cada rincón, cada detalle, con muchísimo cuidado. Fue un gran experimento para probar ideas, proveedores, maestros… y ver hasta dónde podíamos llevar no solo la creatividad, sino también la ejecución.

¿Cómo crees que evolucionará el interiorismo en los próximos 10 años?

Creo que, si uno observa el interiorismo a nivel mundial, se nota cada vez más su transformación hacia un arte visual. A diferencia de la arquitectura —que al estar en la ciudad o en la naturaleza es visible y evaluada por todos— el interiorismo es muchas veces captado y comunicado a través de imágenes.

En ese sentido, se parece mucho a un set de moda, donde quien fotografía decide cómo mostrar el espacio. Esta dimensión visual lo acerca naturalmente a disciplinas como la fotografía, el cine y la moda.

Un ejemplo claro es una de las instalaciones más comentadas del Salón de Milán: la colaboración entre Dimorestudio, reconocida oficina de interiorismo milanesa, y Loro Piana, la icónica marca de telas italiana. Esta alianza demuestra cómo el interiorismo se mueve en sintonía con el mundo del arte.

En Chile, sin embargo, el interiorismo aún es una disciplina joven. Poco a poco va ganando espacio, profesionalizándose y conectando con un público más amplio. Pero el camino que está tomando es claro: cada vez más integrado a las artes visuales.

¿Qué consejo le darías a quien esté comenzando su camino como interiorista?

Creo que gran parte de la creatividad nace de la observación. Si uno no observa, es muy difícil ser creativo. Porque, al final, la creatividad surge de elaborar, combinar y reinterpretar lo que ya existe.

Observamos objetos, formas, arquitecturas, detalles singulares… y luego armamos una especie de collage mental. Yo misma lo hago: veo una cúpula que me gusta, un arco interesante en otro proyecto, un detalle que me inspira… y empiezo a unir esas piezas.

Lo desafiante está en saber combinarlas bien, en que todo eso distinto termine funcionando junto. Esa es la verdadera habilidad-

Porque, siendo sinceros, nadie se inventa todo desde cero. Incluso en la arquitectura, todo es una elaboración de lo que ya existe.

La bóveda, por ejemplo, fue inventada por los romanos hace siglos. Pero hoy en día hay personas que la reinterpretan con nuevos materiales, otras formas, otra mirada.

Por eso, para mí, la clave está en observar, mirar, leer, viajar, ir a museos, exposiciones, ver arte… La inspiración puede llegar desde cualquier parte.

¿Tienes un producto favorito que utilices en tus proyectos?

Uno de mis materiales favoritos es el piso Marmoleum. Me encanta porque es moderno, tecnológicamente avanzado, ecológico y, además, tiene una paleta de colores poco saturada que me fascina.

Es un material que todavía está poco explorado en el diseño residencial, ya que se asocia principalmente a espacios como clínicas. Pero, en realidad, tiene muchísimo potencial.

Lo que más me gusta del Marmoleum es su versatilidad y sus colores.