Con más de 25 años de trayectoria, Catalina Valdés ha desarrollado una arquitectura profundamente comprometida con las personas que habitan sus proyectos. Desde viviendas unifamiliares hasta salones VIP, su enfoque se basa en el trabajo colaborativo y en el respeto por la identidad del mandante. Como socia de Grupo Arquitectos, Catalina lidera no solo el diseño arquitectónico, sino también el área de interiorismo, integrando calidad, estética y bienestar en cada proyecto.
En esta entrevista, profundizamos en su visión de la arquitectura, su experiencia con proyectos residenciales de alta gama y el valor de trabajar con proveedores que se comprometen con la excelencia.


¿Cuál ha sido tu desafío más interesante en el área de la vivienda?
Me ha tocado desarrollar distintos tipos de proyectos, pero algunos de los desafíos más interesantes han estado en el área de la vivienda. Ayudar a una familia a encontrar su espacio es un ejercicio muy complejo, porque cada familia vive y se relaciona de forma distinta. Lograr que una casa sea verdaderamente suya —sin imponer el sello del arquitecto— es una tarea muy desafiante. Eso es justamente lo que hacemos en mi oficina, Grupo Arquitectos: trabajamos en conjunto con la familia, porque el proyecto se construye en Grupo.
¿Cómo llegaste a especializarte en viviendas unifamiliares?
Uno parte con una primera vivienda para alguien conocido, algún pariente… y si les gusta cómo queda, el boca a boca hace lo suyo. Una buena estrategia de marketing también ayuda. Hemos trabajado mucho el tema de la segunda vivienda, en lugares como Las Brisas de Santo Domingo, y ahí pasa que la gente ve la casa, le gusta, y empiezan a llamarte. Es como si el proyecto se vendiera solo, y se convierte en tu mejor carta de presentación.

¿Cómo definirías tu estilo?
Diría que no tenemos un estilo como oficina, y eso es parte de lo que nos define. Grupo Arquitectos se llama así porque creemos en el trabajo colaborativo, y porque la casa no es del arquitecto, es de quien la habita.
No buscamos imponer un sello propio, sino interpretar las necesidades de la familia o del mandante. Cada proyecto debe reflejar la identidad del cliente, no la del arquitecto. Por eso trabajamos en Grupo: porque estamos convencidos de que esa es la mejor forma de llegar a buenos resultados.
¿Cuál ha sido el proyecto más representativo de tu carrera?
Sin duda, los salones VIP de aeropuertos han sido lo más representativo como oficina. Pero si nos enfocamos en viviendas unifamiliares, no podría nombrar una sola casa. Lo que más me ha marcado es la posibilidad de hacer viviendas con buenas terminaciones, donde el cliente valora el diseño, está dispuesto a pagar por él, y eso nos da la libertad para explorar una arquitectura un poco más desafiante.
Además, algo que me apasiona profundamente es el interiorismo, y por eso abrimos un área específica dentro de la oficina que yo misma dirijo. Todos los proyectos —sean casas, industrias o aeropuertos— pasan por el área de interiorismo para definir revestimientos, acabados, el look and feel. Porque incluso en los proyectos más áridos, los detalles hacen la diferencia.

¿Qué errores comunes se cometen en este tipo de proyectos?
En las viviendas unifamiliares, el error más común es que se involucran demasiadas opiniones. La casa es para una familia específica, con una forma particular de habitar. Pero una vez que entregas los planos, aparece la tía, la abuelita, la hermana… y cada una empieza a opinar.
Eso termina desvirtuando la idea original, genera dudas en los propietarios y puede complicar mucho el proceso. Por eso, lo más difícil es mantenerse fiel al requerimiento original y lograr interpretar esa forma única de vivir, sin perder el rumbo por culpa de opiniones externas.
¿Qué consejo le darías a un arquitecto que está empezando su carrera?
Que tiene que trabajar mucho y mantenerse siempre actualizado. Hay que estar al tanto de lo que está pasando en el mundo del diseño, conocer nuevos materiales, visitar fábricas, aprender de proveedores y de otros arquitectos. También hay que luchar por los proyectos, porque los proyectos que realmente te realizan profesionalmente existen, pero requieren dedicación; además, es importante saber trabajar en equipo.
El crecimiento profesional es constante. Hay que seguir aprendiendo siempre, estar atentos a las tendencias, nutrirse del entorno. Solo así se construye una carrera sólida.

¿Qué valoras al elegir a los proveedores o aliados que te acompañan?
Lo primero que valoro es la calidad y diseño del producto, eso no se transa. Pero además de esto, es clave la garantía y el respaldo. Hay muchos proveedores que van y vienen, y después no se hacen cargo de nada. Por eso, trabajar con empresas que tienen trayectoria y un equipo detrás es fundamental.
En el caso de Multicompany, conozco al equipo completo, desde José Miguel (Director ejecutivo) hasta quienes nos atienden día a día. Esa relación genera una eficiencia tremenda en nuestro trabajo. Nos ayudan con especificaciones, dudas en obra… y están siempre un paso adelante, trayendo novedades, buscando materiales nuevos. Eso se valora muchísimo.
Me pasó con Ramón Soler: yo tenía el desafío de encontrar una grifería que fuera de buena calidad, con un diseño innovador y a buen precio. José Miguel me propuso traer la línea Prisma de Ramon Soler, y fue un acierto total. Ahora está en el showroom de Multicompany, y es una joyita. Ese tipo de apoyo marca la diferencia.
¿Qué crees que viene para el futuro de las viviendas unifamiliares de alto estándar?
Hoy está tomando mucha fuerza el tema de la sostenibilidad, pero ya no solo desde la eficiencia energética o la huella de carbono. Hoy hablamos de well-being, del bienestar familiar. Y eso se traduce en cómo los espacios aportan al bienestar de las personas.
En la oficina estamos muy enfocadas en eso: diseñar espacios que favorezcan el bienestar emocional, físico y relacional de quienes los habitan. Ya no se trata solo de alimentarse bien o hacer deporte, sino de que tu casa te contenga, te relacione, te permita vivir mejor. El diseño tiene un rol clave en eso.
¿Qué legado te gustaría dejar?
Me gustaría que, sin importar si es una casa, un salón VIP o una industria, quien habite ese espacio lo viva de forma grata. Ese sería mi mejor legado. Que mis proyectos, sin importar su escala, generen bienestar.
Porque al final del día, lo que uno diseña no es solo material: son experiencias de vida. Y si logramos que esas experiencias sean positivas, entonces valió la pena.
